Oración de invocación al Santo Nombre de María contra toda desgracia

Oración de invocación al Santo Nombre de María contra toda desgracia
En la medida como se pronuncia el Santo nombre de María con devoción y confianza, María se hace presente, lista para ayudarte

"Señora, tu nombre es suspiro del alma. Tu nombre es perfume de unción. El nombre de María es alegría en el corazón, miel en la boca, melodía para los oídos." (San Antonio de Padua)
Esta fiesta del Santo Nombre de María se inició en España en 1513. En 1683 el Papa Inocencio XI extendió la fiesta existente del Santísimo Nombre de María a la Iglesia universal para agradecer a la Virgen por la victoria de Juan Sobieski, rey de Polonia, sobre las fuerzas del Islam.
En aquel entonces, el 11 de septiembre de 1683, los turcos musulmanes habían atacado Viena, amenazando a los cristianos de Occidente. Al día siguiente, Sobieski, invocando a la Virgen María y la colocación de sus fuerzas bajo su protección, salió victorioso.
El Papa Juan Pablo II restauró la fiesta del Santo Nombre de María con la publicación de la tercera edición típica del Misal Romano en el año 2002, un año después de los ataques del 11 de septiembre del 2001.
Significado del Nombre de María
En hebreo, el nombre de María es Miryam. En la época de la Virgen, el arameo era la lengua hablada, y la forma del nombre entonces era Mariam. A lo largo de los siglos, los Santos y estudiosos han planteado diferentes interpretaciones para el nombre de "María"
Sin embargo "Estrella del Mar" ciertamente parece el significado más acertado. Santo Tomás de Aquino escribió;
"María significa estrella del mar, para que los marinos sean guiadas al puerto por la estrella de mar, de manera que los cristianos alcancen la gloria a través de la intercesión maternal de María".
La poderosa intercesión de Nuestra Madre
La Santa Madre de Dios no es ajena a las luchas de sus hijos en este valle de lágrimas. Ella está atenta a cada situación que amenace a este mundo, a cada asalto contra la Iglesia y, cuando invocamos su Santo Nombre , ella se apresura a intervenir.
Cuando se trata de la invocación del Nombre de María, no hay lucha que sea ni demasiado enorme, ni demasiado poca como para que María no venga en nuestro auxilio.
En la Biblia, el nombre ejerce un poder misterioso. Los nombres no son pronunciados a la ligera. Los nombres deben ser tomados en vano. La invocación del nombre hace presente al que es nombrado. En la medida como se pronuncia el dulce nombre de María con devoción y confianza, María se hace presente, lista para ayudarte
Tan a menudo como se pronuncia el Dulce Nombre de María, tú tienes su especial y completa atención.
A continuación una oración que puedes utilizar en cada momento que quieras recurrir a nuestra Madre
Oración de invocación al Santo nombre de María
¡Madre de Dios y Madre mía María! Yo no soy digno de pronunciar tu nombre; pero tú que deseas y quieres mi salvación, me has de otorgar, aunque mi lengua no es pura, que pueda llamar en mi socorro tu santo y poderoso nombre, que es ayuda en la vida y salvación al morir.
¡Dulce Madre, María! haz que tu nombre, de hoy en adelante, sea la respiración de mi vida.
No tardes, Señora, en auxiliarme cada vez que te llame. Pues en cada tentación que me combata, y en cualquier necesidad que experimente, quiero llamarte sin cesar; ¡María! Así espero hacerlo en la vida, y así, sobre todo, en la última hora, para alabar, siempre en el cielo tu nombre amado: “¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!”
¡Qué aliento, dulzura y confianza, qué ternura siento con sólo nombrarte y pensar en ti! Doy gracias a nuestro Señor y Dios, que nos ha dado para nuestro bien, este nombre tan dulce, tan amable y poderoso.
Señora, no me contento con sólo pronunciar tu nombre; quiero que tu amor me recuerde que debo llamarte a cada instante; y que pueda exclamar con san Anselmo: “¡Oh nombre de la Madre de Dios, tú eres el amor mío!”
Amada María y amado Jesús mío, que vivan siempre en mi corazón y en el de todos, vuestros nombres salvadores. Que se olvide mi mente de cualquier otro nombre, para acordarme sólo y siempre, de invocar vuestros nombres adorados.
Jesús, Redentor mío, y Madre mía María, cuando llegue la hora de dejar esta vida, concédeme entonces la gracia de deciros: “Os amo, Jesús y María; Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía”

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